Ha habido diversas causas que han provocado éste letargo de alegrías, mismas que se han tocado hasta la saciedad, en este foro o en cualquier otro lugar en donde haya un albo y que deberían de quedarse en el pasado. Controversias dirigenciales, cambios de Junta Directiva, pésimas contrataciones, malas administraciones, la selección y un largo etcétera deben de quedar en el olvido y debemos de tratar de ver hacia el frente, buscando soluciones reales y a corto plazo.
Mucho se ha discutido acerca de cuál es el problema que actualmente aqueja al equipo y que no le han permitido, sumar de a 3 en el presente torneo, no obstante haber realizado, tres de sus partidos, en el Estadio Cuscatlán.
Algunos piensan que el problema pasa por la no contratación de un jugador que haga las veces de armador. Un “10” dicen algunos. Dicho pensamiento, a mi criterio, es discutible. Por un lado, la oferta nacional de jugadores de ese perfil, es casi nula, pues, ni hay muchos, y lo pocos que existen no estaban disponibles en el mercado. Por el otro lado, la opción de traer un extranjero de esas características, es un poco ilusoria, esto por dos cosas: 1. Ningún jugador que de verdad valga la pena y que juegue de esa forma, preferirá venir a El Salvador antes que, aunque sea irse Costa Rica, USA o México, donde hay una mejor proyección que en nuestro devaluado deporte rey; y, 2. Por que no es fácil tener la suerte de seguir la recomendación de contratar a algún extranjero que cumpla con esos requerimientos tal y como ya nos ha sucedido en otras ocasiones.
Así las cosas, “Si Dios nos da limones, pues hay que hacer limonada” y con lo que se posee, se debe de intentar hacer las cosas de la mejor manera posible, es decir, a falta de un “armador”, lo que se debe de hacer es encontrar un “líder”.
Mi edad no es tanta como para haber vivido los dos 1eros campeonatos del equipo, en las épocas de “La Orquesta Alba”, por lo cual solo me referiré a los equipos campeones que yo he conocido. Según algunas opiniones de compañeros albos que he leído en el foro o he escuchado en la calle, a jugadores como Milton Meléndez, Alejandro Curbelo, Joaquín Canales, Carlos Reyes y otros, con el beneficio del paso de los años, les han dado el mote de “Armadores” cuando lo cierto es que, por lo menos en el caso de los mencionados, ninguno de ellos cumplía esa función, sino más bien, eran líderes, caudillos o machos alfa al interior de los equipos en que jugaron.
En el caso del equipo campeón del 86, el líder indiscutible de ese equipo era Juan Ramón Pacheco, auxiliado, en esos entonces, por Raúl García Prieto. Carlos Reyes (Q.E.D.) lejos de ser el armador de ese cuadro, era un extremo derecho habilidoso y de toque fino. No fue ni el armador del equipo y tampoco su líder; sin embargo fuimos campeones a raíz del Liderazgo del Pitufo.
En el campeonato del 90, existió un jugador que manejaba los hilos del medio campo, y en ese caso, me atrevo a decir, ha sido el único de estirpe que ha jugado en el equipo y que nos dio una corona. Ese jugador fue Raúl Toro. Pero a parte de la función de este jugador, existieron caudillos que lo auxiliaron y que, probablemente, fueron más determinantes para la consecución del título en aquella oportunidad. Kin Canales, con un poco más de madurez al igual que Julio Amílcar Palacios Lozano y Jaime Rodríguez, coadyuvaron a hacer posible esa alegría.
Ya para el campeonato de 1994, Kin Canales era líder indiscutible junto al Tigana Meléndez. En ese equipo, por lo menos que yo recuerde, tampoco existió un armador nato a quien atribuirle el mérito de esa corona. Hubo líderes. De igual forma, para los torneos de 1996 y 1998, Kin y el Tigana seguían siendo los líderes de nuestro ALIANZA sin que existiera un “10”, tal y como ahora lo concebimos, nacional o extranjero, que fuera el artífice de esos triunfos.
Para el 2001, luego de la 1era revolución alba, con Jorge Sandoval como supuesto “Armador” de ALIANZA, el equipo levanto una nueva corona, pero al igual que en otras ocasiones, más que el aporte de Sandoval, el liderazgo de Adonay Martínez rindió cuentas a favor de la Institución alba.
Finalmente, en 2004, como siempre, no hubo un verdadero armador, pero el equipo conto con el liderazgo indiscutido de Alejandro Curbelo apoyado por Mario Elías Guevara para llevarnos por la senda del triunfo y la consecución del último título que contamos en nuestra historia.
Ahora en 2009 y desde el segundo semestre de 2004, las cosas han ido de mal en peor. Nos hacen falta muchas cosas: una dirigencia inteligente, jugadores que jueguen por amor al color blanco, mejores extranjeros, más suerte en algunos casos, mayor apoyo de la afición, pero sobre todo nos hace falta un LIDER. Alguien que sea capaz, dentro de la cancha, de levantar el ánimo de sus compañeros, de reprenderlos cuando su actitud sea cabizbaja, de animarlos cuando las cuestiones no salen bien y de felicitarlos cuando si lo sean. Alguien con vos de mando que grite con criterio e inteligencia, cuando sea necesario; una persona cuyo carisma se perciba desde la grada, detrás de la pantalla de un televisor, por medio de las voces de la radio o de las letras de la prensa escrita. Un jugador que se identifique con el sentimiento de pertenecer a un equipo que es amado en El Salvador y que sepa transmitir dicho sentimiento a sus demás compañeros para que, de esa forma, podamos llegar a los fines que todo Aliancista persigue que no son otros que ser CAMPEON.
Todo lo anterior se lee un poco “romanticón” e irreal, pues todos quisiéramos que esa persona surgiera desde las entrañas del equipo; sin embargo, los pocos jugadores “made in Alianza” o ya no están en el equipo, o no tienen el carácter o simplemente no juegan; en consecuencia, la labor de encontrar ese LIDER tras del cual alinear al equipo, tendría que recaer en la persona que, en teoría, ve cotidianamente el desempeño, carácter y forma de desenvolverse, de los integrantes de la plantilla, es decir, el DT, y, en ese sentido, nosotros como aficionados, debemos dejar de lado los pasionismos que se generan, producto de la procedencia de algunos jugadores con el temple para ser líder, y dejar que ellos, por naturaleza, asuman el rol que les es innato, esto como solución a corto plazo, mientras surja un nuevo líder que sea de nuestro gusto y desde luego ALBO DE CORAZON.