BLANCO15
10/07/07, 15:04:35
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River volvió a ser el equipo arrollador que juega de local. El que presiona, muerde en todos los sectores del campo, sale rápido de contra y arriba define. Encima, se encontró con un Boca apático, indeciso, conservador y desequilibrado.
Para darle aire al mediocampo, Passarella hizo el primer cambio: Abelairas por Augusto Fernández. El Pitu se ubicó por izquierda y Belluschi se recostó sobre la banda derecha. River tenía la pelota y espacios de sobra para convertir el triunfo en una goleada histórica. Pero optó por ordenarse y defender la diferencia con suma tranquilidad. Hubo tiempo para el "Oooleee, oooleee, oooleee...", que caía como por una cascada desde las tribunas locales. También para un caño hermoso de Buonanotte a Cardozo. Y un toqueteo infernal que por momentos fue un auténtico baile.
Fue prácticamente nulo lo que quedó de fútbol. Nada para destacar. La tarde ya estaba teñida de rojo y blanco y el palabrerío de la antesala quedaba rápidamente en el olvido una vez más. Poco importaba a esa altura que River había llegado mal. Menos todavía que Boca era el favorito. El pitazo final de Baldassi provocó la locura en El Monumental. El equipo de Passarella vivió una gran fiesta ante su gente y gozó con ese desahogo que tanto necesitaba. El Superclásico tiene dueño. Absoluto. Tanto en la cancha como en el resultado. La alegría es sólo millonaria.
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River volvió a ser el equipo arrollador que juega de local. El que presiona, muerde en todos los sectores del campo, sale rápido de contra y arriba define. Encima, se encontró con un Boca apático, indeciso, conservador y desequilibrado.
Para darle aire al mediocampo, Passarella hizo el primer cambio: Abelairas por Augusto Fernández. El Pitu se ubicó por izquierda y Belluschi se recostó sobre la banda derecha. River tenía la pelota y espacios de sobra para convertir el triunfo en una goleada histórica. Pero optó por ordenarse y defender la diferencia con suma tranquilidad. Hubo tiempo para el "Oooleee, oooleee, oooleee...", que caía como por una cascada desde las tribunas locales. También para un caño hermoso de Buonanotte a Cardozo. Y un toqueteo infernal que por momentos fue un auténtico baile.
Fue prácticamente nulo lo que quedó de fútbol. Nada para destacar. La tarde ya estaba teñida de rojo y blanco y el palabrerío de la antesala quedaba rápidamente en el olvido una vez más. Poco importaba a esa altura que River había llegado mal. Menos todavía que Boca era el favorito. El pitazo final de Baldassi provocó la locura en El Monumental. El equipo de Passarella vivió una gran fiesta ante su gente y gozó con ese desahogo que tanto necesitaba. El Superclásico tiene dueño. Absoluto. Tanto en la cancha como en el resultado. La alegría es sólo millonaria.