Rio Ferdinand
01/21/08, 08:30:04
MADRID.- Como si fuese su primera cita. Con el entusiasmo y la fuerza de un adolescente. Voy a por ti y no cambio este momento por ningún otro. Por si había dudas, de nuevo se produjo algo realmente espectacular en un chico especial desde que se cayó de la cuna. Los madridistas y el resto captaron el mensaje, el enésimo mensaje que envió Raúl González Blanco, 30 años, a los suyos. Algo así como: "Esta es mi tierra y no la pisa ni Dios". Su tierra es el fútbol y lleva toda su vida sembrándola de sol a sol.
El dueño del brazalete brindó uno de esos partidos que le siguen abriendo camino en la historia. En la Historia. A estas alturas ya hay muy pocas dudas de que han de pasar muchos, muchos años, hasta que aparezca otro futbolista capaz de atrapar con sus dos manos los vientos y manejarlos con tanta fuerza, con tanta trascendencia.
A estas alturas, casi todo el mundo sabe que difícilmente se llevará jamás el Balón de Oro. A estas alturas, todos saben que hay decenas de jugadores más hábiles, más rápidos, más plásticos, más de todo. Pero vayamos al lugar de su último crimen, el Vicente Calderón. Cuando terminaba el partido de anoche, bajo el clamor de la hinchada rojiblanca a su equipo tras otro ensayo general de festival de fuegos de artificio, otro fiasco, (que esa es otra historia para el debate), el dueño del brazalete presionaba en una esquina y se enfadaba porque sólo había podido arañar la pelota, en vez de haberla atrapado con los dientes para dársela a uno de los suyos. Raúl no es el empleado del año; es el empleado de la década. Y su fe y su entusiasmo desnuda a la inmensa mayoría de mortales, que no acepta que un chico tan normalito haya llegado tan alto con las armas que los demás infrautilizan porque sencillamente porque es más cómodo. Ese defecto tan español no lo tiene el futbolista más español de todos.
Hace unos días, el representante de Raúl sugirió que tal vez la solución al conflicto que separa a Luis Aragonés y a Raúl debería ser la solución más sencilla: "Lo mismo, si se sientan a hablar con un par de cafés por medio todo vuelve a la normalidad". La normalidad es esa máquina que esta temporada arrima a Raúl a la selección española.
Puede que después de lo de anoche, Luis, otro enamorado del fútbol, decida llamarle y tomarse no dos, sino tres cafés. Puede que no. El veterano seleccionador presenció el partido en la grada. Conoce muy bien las claves de la profesión que ha elegido y no quiere fallar en esta última gran oportunidad que le concede su carrera: la Eurocopa del próximo verano. La decisión del seleccionador será de las que marquen el mes de mayo, y sólo se le puede desear suerte. "Me gustaría ser un hombre justo", repite una y otra vez.
Raúl marcó su gol número 11 en su derbi 23. Y lo celebró con sus pulgares hacia su dorsal. Cuando llegó al vestuario fue aquel chico que el 5 de noviembre de 1994 se puso a dar saltos en el vestuario del Bernabéu tras el 4-2 al Atlético. Casi 14 años después, su vitalidad, su entusiasmo y su fuerza ya es materia de estudio sesudo. Todos sus compañeros le hicieron una reverencia.
Fuente:
elmundo.es
El dueño del brazalete brindó uno de esos partidos que le siguen abriendo camino en la historia. En la Historia. A estas alturas ya hay muy pocas dudas de que han de pasar muchos, muchos años, hasta que aparezca otro futbolista capaz de atrapar con sus dos manos los vientos y manejarlos con tanta fuerza, con tanta trascendencia.
A estas alturas, casi todo el mundo sabe que difícilmente se llevará jamás el Balón de Oro. A estas alturas, todos saben que hay decenas de jugadores más hábiles, más rápidos, más plásticos, más de todo. Pero vayamos al lugar de su último crimen, el Vicente Calderón. Cuando terminaba el partido de anoche, bajo el clamor de la hinchada rojiblanca a su equipo tras otro ensayo general de festival de fuegos de artificio, otro fiasco, (que esa es otra historia para el debate), el dueño del brazalete presionaba en una esquina y se enfadaba porque sólo había podido arañar la pelota, en vez de haberla atrapado con los dientes para dársela a uno de los suyos. Raúl no es el empleado del año; es el empleado de la década. Y su fe y su entusiasmo desnuda a la inmensa mayoría de mortales, que no acepta que un chico tan normalito haya llegado tan alto con las armas que los demás infrautilizan porque sencillamente porque es más cómodo. Ese defecto tan español no lo tiene el futbolista más español de todos.
Hace unos días, el representante de Raúl sugirió que tal vez la solución al conflicto que separa a Luis Aragonés y a Raúl debería ser la solución más sencilla: "Lo mismo, si se sientan a hablar con un par de cafés por medio todo vuelve a la normalidad". La normalidad es esa máquina que esta temporada arrima a Raúl a la selección española.
Puede que después de lo de anoche, Luis, otro enamorado del fútbol, decida llamarle y tomarse no dos, sino tres cafés. Puede que no. El veterano seleccionador presenció el partido en la grada. Conoce muy bien las claves de la profesión que ha elegido y no quiere fallar en esta última gran oportunidad que le concede su carrera: la Eurocopa del próximo verano. La decisión del seleccionador será de las que marquen el mes de mayo, y sólo se le puede desear suerte. "Me gustaría ser un hombre justo", repite una y otra vez.
Raúl marcó su gol número 11 en su derbi 23. Y lo celebró con sus pulgares hacia su dorsal. Cuando llegó al vestuario fue aquel chico que el 5 de noviembre de 1994 se puso a dar saltos en el vestuario del Bernabéu tras el 4-2 al Atlético. Casi 14 años después, su vitalidad, su entusiasmo y su fuerza ya es materia de estudio sesudo. Todos sus compañeros le hicieron una reverencia.
Fuente:
elmundo.es