alejandrobaires
03/10/08, 19:11:00
La afición blanca agregó un viaje más su dilatada experiencia siguiendo al Alianza por todas las canchas del país.
Denni Portillo
accion@laprensa.com.sv
Fecha de actualización: 3/10/2008
Un viaje más, pero no como cualquier otro, fue el que prepararon los aficionados del Alianza el sábado pasado cuando viajaron a San Miguel para alentar a su equipo mimado en el clásico de las mayorías contra Águila.
El punto de encuentro fue el mismo de todos los juegos de visita: el parqueo del estadio Cuscatlán. Con todo y que la convocatoria estaba hecha para las 2:30 p. m. apenas unas cuantas almas se dejaban ver por la zona.
“Es que todavía debe de estar jugando el Madrid. Cuando termine el partido, van a comenzar a venir”, explicó Memfis Rodríguez, líder emblemático de la afición blanca. Ya está dicho que nunca salen a la hora, “pero eso sí, a las 3:45 nos vamos y el que no esté, ese sí se queda”.
La fiesta blanca no iniciaba, lejos de como podría pensarse, en ese mismo punto de reunión, sino hasta que han subido en el bus. Antes, aparecieron —y empiezan a vaciarse también— las primeras patas de elefante, pero el grueso se dejó para el camino, adentro del bus, el mismo al que Memfis explicó que no permiten que los acompañen periodistas por “rituales, cábalas, que hay dentro de la misma barra que son secretas”.
Lo que no es secreto para los albos son los recuerdos de las malas pasadas que les ha tocado vivir cuando han ido a cuanto estadio ha tenido que viajar el Alianza para jugar como visitante.
“Una vez en San Miguel nos detuvieron para registrarnos después del partido y nos tuvieron hasta las 11:30 de la noche ahí.” “Otra vez, el tipo que nos llevaba no andaba licencia y nos tocó pagarle $50 al policía de mordida.” “En Santa Rosa de Lima nos bajaron los vidrios a puras pedradas.” La Ultra tiene su historia, sus cuentos y experiencias.
Ya eran más de las 3. El partido del Real Madrid terminó hace mucho, pero la gente no termina de llegar en la cantidad que se podría esperar. “Es que ya está dicho y calculado cuántos puede ser que viajen”, dijo Memfis. “Hoy puedo esperar unas 80 personas, más o menos.”
Los que ya están ahí solo esperan que llegue, primero Julio Ayala, quien cobra a los viajeros, y luego el bus, para poder agarrar su puesto. Uno donde la orden es sencilla: “si sos nuevo, no te vayas a meter atrás”.
Ya los relojes marcaban las 3:15 y las camisas blancas comenzaron a dejar verse más. Julio ya estaba cobrando el pasaje, las patas se seguían vaciando, los cigarros empezaron a fumarse, los bombos estaban listos: la Ultra comienza su fiesta. Al final de tanta espera, puntuales a las 3:45, la barra de Alianza salió rumbo a San Miguel. El clásico los esperaba.
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“Ya sabemos cuanta gente podemos esperar para cada partido. Pero casi siempre somos los mismos los que vamos y un par de agregados.”
Memfis Rodríguez, líder de la Ultra Blanca.
“Ahora la mara se ha calmado, antes era más relajo. Una vez en una gasolinera solo una chera atendiendo y hasta un peluche se robaron.”
Julio Ayala, miembro de la Ultra Blanca.
Denni Portillo
accion@laprensa.com.sv
Fecha de actualización: 3/10/2008
Un viaje más, pero no como cualquier otro, fue el que prepararon los aficionados del Alianza el sábado pasado cuando viajaron a San Miguel para alentar a su equipo mimado en el clásico de las mayorías contra Águila.
El punto de encuentro fue el mismo de todos los juegos de visita: el parqueo del estadio Cuscatlán. Con todo y que la convocatoria estaba hecha para las 2:30 p. m. apenas unas cuantas almas se dejaban ver por la zona.
“Es que todavía debe de estar jugando el Madrid. Cuando termine el partido, van a comenzar a venir”, explicó Memfis Rodríguez, líder emblemático de la afición blanca. Ya está dicho que nunca salen a la hora, “pero eso sí, a las 3:45 nos vamos y el que no esté, ese sí se queda”.
La fiesta blanca no iniciaba, lejos de como podría pensarse, en ese mismo punto de reunión, sino hasta que han subido en el bus. Antes, aparecieron —y empiezan a vaciarse también— las primeras patas de elefante, pero el grueso se dejó para el camino, adentro del bus, el mismo al que Memfis explicó que no permiten que los acompañen periodistas por “rituales, cábalas, que hay dentro de la misma barra que son secretas”.
Lo que no es secreto para los albos son los recuerdos de las malas pasadas que les ha tocado vivir cuando han ido a cuanto estadio ha tenido que viajar el Alianza para jugar como visitante.
“Una vez en San Miguel nos detuvieron para registrarnos después del partido y nos tuvieron hasta las 11:30 de la noche ahí.” “Otra vez, el tipo que nos llevaba no andaba licencia y nos tocó pagarle $50 al policía de mordida.” “En Santa Rosa de Lima nos bajaron los vidrios a puras pedradas.” La Ultra tiene su historia, sus cuentos y experiencias.
Ya eran más de las 3. El partido del Real Madrid terminó hace mucho, pero la gente no termina de llegar en la cantidad que se podría esperar. “Es que ya está dicho y calculado cuántos puede ser que viajen”, dijo Memfis. “Hoy puedo esperar unas 80 personas, más o menos.”
Los que ya están ahí solo esperan que llegue, primero Julio Ayala, quien cobra a los viajeros, y luego el bus, para poder agarrar su puesto. Uno donde la orden es sencilla: “si sos nuevo, no te vayas a meter atrás”.
Ya los relojes marcaban las 3:15 y las camisas blancas comenzaron a dejar verse más. Julio ya estaba cobrando el pasaje, las patas se seguían vaciando, los cigarros empezaron a fumarse, los bombos estaban listos: la Ultra comienza su fiesta. Al final de tanta espera, puntuales a las 3:45, la barra de Alianza salió rumbo a San Miguel. El clásico los esperaba.
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“Ya sabemos cuanta gente podemos esperar para cada partido. Pero casi siempre somos los mismos los que vamos y un par de agregados.”
Memfis Rodríguez, líder de la Ultra Blanca.
“Ahora la mara se ha calmado, antes era más relajo. Una vez en una gasolinera solo una chera atendiendo y hasta un peluche se robaron.”
Julio Ayala, miembro de la Ultra Blanca.