roniangel
06/24/08, 11:28:56
Siete claves de la derrota de Panamá
Los panameños perdieron el domingo en el Cuscatlán ante El Salvador y quedaron fuera del Mundial.
El domingo en Panamá y El Salvador los integrantes de la Marea Roja apoyaron a la selección panameña. Ayer, la nota era la derrota sufrida en El Salvador, que acabó con las aspiraciones mundialistas.
Hacer leña del árbol caído es lo fácil cuando sucede este tipo de desenlaces deportivos, como lo fue la eliminación de la selección nacional de fútbol en su eliminatoria regional para el Mundial de Sudáfrica 2010, en el que todos quieren acribillar al técnico, a los jugadores, al mal arbitraje, a la mala suerte y se hace toda una serie de conjeturas para intentar encontrar una verdad.
Se quiere compartir con Uds. caros lectores, siete claves que pudieron dar al traste con el intento de avanzar a una tercera a fase eliminatoria y que algunas se originaron mucho antes de los dos partidos contra los salvadoreños.
SE PERDIÓ LA HUMILDAD
No cabe duda de que esta selección pintaba para más, pero en el seno de la Federación Panameña de Fútbol (Fepafut) y en el cuerpo técnico del equipo, a El Salvador ya se lo había desestimado desde hace meses.
Se comieron el cuento de que estábamos por arriba de los salvadoreños en el ranking de la FIFA, y todo daba a entender que estos enfrentamientos eran solo compromisos formales.
Mientras, El Salvador se preparó desde inicios de este año para derrotar a Panamá, porque sí reconocían que había una leve superioridad de su rival de turno, la Fepafut no le dio importancia a los amistosos, so pretexto de que bastaba con los partidos que se jugaron en la Copa de Naciones y Copa de Oro, precisamente, donde los salvadoreños también estuvieron.
Solo a escasos días se contemplaron tres amistosos que no fueron suficientes.
Se irrespetó la historia del fútbol salvadoreño, que el domingo sus jugadores sacaron a flote con esa garra del indio Cuscatlán.
Esta era la llave más difícil de esta segunda fase eliminatoria de la Concacaf. La federación salvadoreña lo entendió de esta manera, la nuestra se hizo de la vista gorda. Se había menospreciado al rival.
En ese aspecto los salvadoreños nos dieron una lección de humildad, de fortaleza y de preparación.
COMPLEJO DE SUPERIORIDAD
Ningún técnico mundialista puede garantizar la clasificación de Panamá a un Mundial. Siempre he manejado la tesis de que es más fácil que Guimaraes vuelva a repetir otra clasificación con Costa Rica que con Panamá, porque acá el fútbol está comenzando a ser protagonista.
Hay que ser realista, pensar en un mundial sigue y seguirá siendo un sueño eterno, aunque la fiebre de este deporte sobrepase a veces nuestro juicio y límites.
Todos de una u otra manera estamos involucrados en la efervescencia que despierta el fútbol, que sabemos es traicionera. Todo lo que se alcanzó hace cuatro años con el colombiano Cheché Hernández se echó al traste.
Y en este aspecto todos somos culpables: medios, directivos, fanáticos y jugadores.
Pocos pensaron que se repitiera la última eliminatoria de 1992, donde solo se jugaron 180 minutos. E indirectamente hicimos de esta selección una ganadora cuando en verdad no ha ganado nada aún .
Que Blas Pérez, Tejada, Garcés, Gómez, Baloy, Penedo y muchos otros triunfen con sus respectivos clubes en el exterior y que dejen en alto el fútbol panameño, todo eso es parte de un escenario.
La selección es otra cosa. Todas estas corrientes que se tejieron en torno a este equipo pudieron haber influido sin querer en el egocentrismo de los jugadores, de pronto creyéndose más que sus colegas salvadoreños. En resumidas cuentas, da tristeza que este grupo de jugadores haya fracasado en su examen final.
MALOS MOVIMIENTOS
Está claro que Guimaraes es responsable directo del fiasco en esta eliminatoria, sus cambios en los dos partidos contra El Salvador favorecieron más al enemigo que a los nuestros. Fue muy conservador y en el Cuscatlán perdió los estribos en detrimento del funcionamiento del seleccionando.
Falló en un momento clave del partido. Su tesis no es convincente.
El domingo Guima pensó de pronto que ya estaba clasificado con el 1-0 y sus cambios descompusieron el plantel que se quedó sin ataque ni un pensador, en otras palabras: sin pies ni cabeza.
Hoy todos quieren su renuncia, pero Guimaraes no es el único problema de la eliminación, él es solo una parte.
FALTA DE ACTITUD
Siempre se pensó que con este equipo de legionarios se iba a clasificar a la siguiente fase sin ningún problema. Pero en el fútbol la diferencia se hace en la cancha y el domingo la experiencia de los nuestros no pesó en el partido. Se volvió a evidenciar lo mucho que le cuesta a nuestros seleccionados manejar un marcador, mantener el ritmo y manejar los hilos del partido, conservar la concentración en los tramos finales del partido donde históricamente Panamá siempre ha caído en desgracia.
Los jugadores salvadoreños sorprendieron con su actitud en sus dos partidos contra Panamá, el domingo fue importante ese repunte que tuvieron en el segundo tiempo.
Ganaron con justicia, independientemente de las equivocaciones que haya tenido el central Marco Rodríguez. Estos resultados se registran una vez cada muchos años. Inconcebible.
SIN CREACIÓN
La convocatoria de la selección nacional solo contó con un jugador de creación: Rolando Escobar. Y para colmo de males en los dos partidos fue sustituido por Guimaraes, notándose de salida que la selección terminó desorientada en la recta final de sus dos compromisos.
No hubo otro jugador más que intentara darle cariño al balón. Escobar no tuvo un jugador de sus características que lo reemplazara. Al que llamaron para que entrenara y lo sucediera en una emergencia, lo dejaron en casa: Julio Medina. Fue evidente que siempre es imprescindible un jugador de armada, así se vaya por un empate.
EL JUGADOR 12
Se dice que el jugador número 12 es un extra que tiene cada seleccionado cuando se juega de local.
El Salvador contó con ese jugador, que desde el sábado hostigó al seleccionado nacional. El domingo en la cancha fue impresionante.
Por mucho rato José Garcés silenció el estadio, en momentos que caía un diluvio, pero una vez empató el partido El Salvador, el público se involucró en el compromiso y contagió a sus jugadores.
Muchos en Panamá no le dieron importancia al hecho de terminar una eliminatoria de visitante.
Ni aun con la victoria mínima que se consiguió en el estadio Rod Carew. La afición salvadoreña dio un muestra de lo que es jugar para su selección dentro y fuera de la cancha.
Están a años luz de nuestro jugador número 12, es obvio, ese un país que vive este deporte.
DESPERDICIO DE OFENSIVA
En el primer partido del 15 en el Rod Carew, Román Torres y José Garcés pudieron haber aumentado en un gol el marcador y el domingo, en el Cuscatlán, Blas Pérez malogró la situación que pudo haber clasificado al equipo a la siguiente fase.
Errores ofensivos que no pueden darse en una eliminatoria, para eso sirven los amistosos.
Panamá contó con tres delanteros de lujo que no marcaron la diferencia en el equipo porque no tuvieron mucha alimentación.
La selección tuvo un buen portero, una buena defensa, dos buenos volantes de marca y un solo volante que creara. Se malogró este tridente que pintaba para más cosas.
Los panameños perdieron el domingo en el Cuscatlán ante El Salvador y quedaron fuera del Mundial.
El domingo en Panamá y El Salvador los integrantes de la Marea Roja apoyaron a la selección panameña. Ayer, la nota era la derrota sufrida en El Salvador, que acabó con las aspiraciones mundialistas.
Hacer leña del árbol caído es lo fácil cuando sucede este tipo de desenlaces deportivos, como lo fue la eliminación de la selección nacional de fútbol en su eliminatoria regional para el Mundial de Sudáfrica 2010, en el que todos quieren acribillar al técnico, a los jugadores, al mal arbitraje, a la mala suerte y se hace toda una serie de conjeturas para intentar encontrar una verdad.
Se quiere compartir con Uds. caros lectores, siete claves que pudieron dar al traste con el intento de avanzar a una tercera a fase eliminatoria y que algunas se originaron mucho antes de los dos partidos contra los salvadoreños.
SE PERDIÓ LA HUMILDAD
No cabe duda de que esta selección pintaba para más, pero en el seno de la Federación Panameña de Fútbol (Fepafut) y en el cuerpo técnico del equipo, a El Salvador ya se lo había desestimado desde hace meses.
Se comieron el cuento de que estábamos por arriba de los salvadoreños en el ranking de la FIFA, y todo daba a entender que estos enfrentamientos eran solo compromisos formales.
Mientras, El Salvador se preparó desde inicios de este año para derrotar a Panamá, porque sí reconocían que había una leve superioridad de su rival de turno, la Fepafut no le dio importancia a los amistosos, so pretexto de que bastaba con los partidos que se jugaron en la Copa de Naciones y Copa de Oro, precisamente, donde los salvadoreños también estuvieron.
Solo a escasos días se contemplaron tres amistosos que no fueron suficientes.
Se irrespetó la historia del fútbol salvadoreño, que el domingo sus jugadores sacaron a flote con esa garra del indio Cuscatlán.
Esta era la llave más difícil de esta segunda fase eliminatoria de la Concacaf. La federación salvadoreña lo entendió de esta manera, la nuestra se hizo de la vista gorda. Se había menospreciado al rival.
En ese aspecto los salvadoreños nos dieron una lección de humildad, de fortaleza y de preparación.
COMPLEJO DE SUPERIORIDAD
Ningún técnico mundialista puede garantizar la clasificación de Panamá a un Mundial. Siempre he manejado la tesis de que es más fácil que Guimaraes vuelva a repetir otra clasificación con Costa Rica que con Panamá, porque acá el fútbol está comenzando a ser protagonista.
Hay que ser realista, pensar en un mundial sigue y seguirá siendo un sueño eterno, aunque la fiebre de este deporte sobrepase a veces nuestro juicio y límites.
Todos de una u otra manera estamos involucrados en la efervescencia que despierta el fútbol, que sabemos es traicionera. Todo lo que se alcanzó hace cuatro años con el colombiano Cheché Hernández se echó al traste.
Y en este aspecto todos somos culpables: medios, directivos, fanáticos y jugadores.
Pocos pensaron que se repitiera la última eliminatoria de 1992, donde solo se jugaron 180 minutos. E indirectamente hicimos de esta selección una ganadora cuando en verdad no ha ganado nada aún .
Que Blas Pérez, Tejada, Garcés, Gómez, Baloy, Penedo y muchos otros triunfen con sus respectivos clubes en el exterior y que dejen en alto el fútbol panameño, todo eso es parte de un escenario.
La selección es otra cosa. Todas estas corrientes que se tejieron en torno a este equipo pudieron haber influido sin querer en el egocentrismo de los jugadores, de pronto creyéndose más que sus colegas salvadoreños. En resumidas cuentas, da tristeza que este grupo de jugadores haya fracasado en su examen final.
MALOS MOVIMIENTOS
Está claro que Guimaraes es responsable directo del fiasco en esta eliminatoria, sus cambios en los dos partidos contra El Salvador favorecieron más al enemigo que a los nuestros. Fue muy conservador y en el Cuscatlán perdió los estribos en detrimento del funcionamiento del seleccionando.
Falló en un momento clave del partido. Su tesis no es convincente.
El domingo Guima pensó de pronto que ya estaba clasificado con el 1-0 y sus cambios descompusieron el plantel que se quedó sin ataque ni un pensador, en otras palabras: sin pies ni cabeza.
Hoy todos quieren su renuncia, pero Guimaraes no es el único problema de la eliminación, él es solo una parte.
FALTA DE ACTITUD
Siempre se pensó que con este equipo de legionarios se iba a clasificar a la siguiente fase sin ningún problema. Pero en el fútbol la diferencia se hace en la cancha y el domingo la experiencia de los nuestros no pesó en el partido. Se volvió a evidenciar lo mucho que le cuesta a nuestros seleccionados manejar un marcador, mantener el ritmo y manejar los hilos del partido, conservar la concentración en los tramos finales del partido donde históricamente Panamá siempre ha caído en desgracia.
Los jugadores salvadoreños sorprendieron con su actitud en sus dos partidos contra Panamá, el domingo fue importante ese repunte que tuvieron en el segundo tiempo.
Ganaron con justicia, independientemente de las equivocaciones que haya tenido el central Marco Rodríguez. Estos resultados se registran una vez cada muchos años. Inconcebible.
SIN CREACIÓN
La convocatoria de la selección nacional solo contó con un jugador de creación: Rolando Escobar. Y para colmo de males en los dos partidos fue sustituido por Guimaraes, notándose de salida que la selección terminó desorientada en la recta final de sus dos compromisos.
No hubo otro jugador más que intentara darle cariño al balón. Escobar no tuvo un jugador de sus características que lo reemplazara. Al que llamaron para que entrenara y lo sucediera en una emergencia, lo dejaron en casa: Julio Medina. Fue evidente que siempre es imprescindible un jugador de armada, así se vaya por un empate.
EL JUGADOR 12
Se dice que el jugador número 12 es un extra que tiene cada seleccionado cuando se juega de local.
El Salvador contó con ese jugador, que desde el sábado hostigó al seleccionado nacional. El domingo en la cancha fue impresionante.
Por mucho rato José Garcés silenció el estadio, en momentos que caía un diluvio, pero una vez empató el partido El Salvador, el público se involucró en el compromiso y contagió a sus jugadores.
Muchos en Panamá no le dieron importancia al hecho de terminar una eliminatoria de visitante.
Ni aun con la victoria mínima que se consiguió en el estadio Rod Carew. La afición salvadoreña dio un muestra de lo que es jugar para su selección dentro y fuera de la cancha.
Están a años luz de nuestro jugador número 12, es obvio, ese un país que vive este deporte.
DESPERDICIO DE OFENSIVA
En el primer partido del 15 en el Rod Carew, Román Torres y José Garcés pudieron haber aumentado en un gol el marcador y el domingo, en el Cuscatlán, Blas Pérez malogró la situación que pudo haber clasificado al equipo a la siguiente fase.
Errores ofensivos que no pueden darse en una eliminatoria, para eso sirven los amistosos.
Panamá contó con tres delanteros de lujo que no marcaron la diferencia en el equipo porque no tuvieron mucha alimentación.
La selección tuvo un buen portero, una buena defensa, dos buenos volantes de marca y un solo volante que creara. Se malogró este tridente que pintaba para más cosas.